1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

 

  Leyendo el pasaje de Juan, podemos preguntarnos qué tipo de personaje es más cercano a nosotros: la mujer infiel o los fariseos, que acusan, aunque todos tienen igual necesidad de la liberación de Dios.

 

  Después podemos preguntarnos qué nos aleja de Dios, cuál es nuestra infidelidad, o bien con qué piedras queremos apedrear a nuestro prójimo.

 

  Jesús sabe todas nuestras heridas, faltas, debilidades. Nos espera, respetando nuestra voluntad libre, pero quiere ayudarnos a llegar a ser personas verdaderamente libres. Sabiendo esto, podemos orar con las palabras del salmista liberado de su pecado:

 

 

  3. Oramos

 

SALMO 32,1-11

 

Dichoso el que está absuelto de su culpa,

a quien le han sepultado su pecado;

dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

 

Mientras callé se consumían mis huesos,

rugiendo todo el día,

porque día y noche tu mano

pesaba sobre mí;

mi savia se me había vuelto un fruto seco.

 

Había pecado, lo reconocí,

no te encubrí mi delito;

propuse: "Confesaré al Señor mi culpa",

y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

 

Por eso, que todo fiel te suplique

en el momento de la desgracia:

la crecida de las aguas caudalosas

no lo alcanzará.

 

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,

me rodeas de cantos de liberación.

 

Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,

fijaré en ti mis ojos.

 

No seáis irracionales como caballos y mulos,

cuyo brío hay que domar con freno y brida;

si no, no puedes acercarte.

 

Los malvados sufren muchas penas;

al que confía en el Señor,

la misericordia lo rodea.

 

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;

aclamadlo, los de corazón sincero.

 

 

 

 

 

Judyta Pudelko, pddm (Polonia)