1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

María es "la llena de gracia" porque ha sido elegida como Madre del Mesías, concebido sin mancha de pecado. El Señor está con ella para la tarea que debe desempeñar en el plan de salvación. La novedad de esa tarea requería que ella fuese elegida de un modo único desde el seno de su madre. Porque Santo es el Hijo de Dios es justo decir que así también es la mujer en cuyo seno Él se hizo hombre. A los dos se les ha concedido la gracia de Dios y, por tanto, ninguno de los dos está manchado por el pecado desde el seno de su madre. María es, por tanto, paradigma de una gracia libremente concedida y libremente recibida.

        El Espíritu que cubría a María es el mismo Espíritu del Creador. Por ello, en María acontece una nueva humanidad recreada; una nueva humanidad que no es fruto de una revolución o de una guerra, sino que es don de Dios y es ya una realidad en María. María, por ello, es imagen de la esperanza en un mundo de caos, amenazado por todas partes por el terrorismo y otros medios de destrucción. María es imagen de la esperanza en que Dios está con nosotros, cercano, y no nos deja. Ése es el mensaje de la fiesta de la Inmaculada Concepción de María: María concebida sin mancha de pecado es la imagen que Dios quiere para nosotros/as y para toda la humanidad. Este ser concebida sin mancha de pecado depende de la misma realidad de la que depende también nuestra transformación: Jesucristo mismo. Pero Dios quiere nuestra participación. Nos ha dado a María como modelo de alguien que acoge el querer de Dios con fe y amor, alguien que acoge a Cristo, el Sí del Padre amante. Así pues, si Dios nos ha dado a María como don, así nosotros/as debemos ser dones para Dios y para los demás.

        Es muy significativo que la fiesta de la Inmaculada Concepción se celebre siempre durante el adviento, que es el tiempo litúrgico de la esperanza. La esperanza es precisamente el tema de esta fiesta. 

        Los padres de la Iglesia definen el pecado original en términos de la peregrinación de la humanidad a lo largo del tiempo y dicen que el pecado original es la ruptura del tiempo, el rechazo de caminar con el tiempo hacia el bien deseado. La gente hoy se aferra a sus deseos, unos deseos que están lejos de Dios o no tienen nada que ver con Él. El pecado original sería un pecado de presunción y orgullo, opuesto a la esperanza. Si el pecado original es un pecado de presunción, un pecado contra la esperanza, y si María es preservada de toda mancha de pecado, podemos decir que María ha sido confirmada en la esperanza.

        La esperanza tiene dos hijas amadas: la rabia y la valentía. La rabia para luchar por que aquello que no debe ser no sea, y la valentía para hacer que lo que tiene que ser sea. La rabia presente en la esperanza de María está en la expresión de la enemistad entre ella y el demonio (serpiente; cf. Gn 3, 15); la valentía de su esperanza está expresada en su "fiat": "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38).

        Todos estamos llamados a ser esperanza, a ser un pueblo que cree y vive de la fe en que Dios está con nosotros. De este modo, nuestra presencia y compasión ayuda y fortalece el espíritu humano.

        ¿Cuál es tu actitud ante las situaciones difíciles o frente a los interrogantes de la vida? ¿Qué tipo de presencia llevas a los demás? ¿Dónde tienes puesta tu esperanza?

        Que la esperanza de María esté también en todos nosotros/as. 

 

3. Oramos

 

a) A Dios, que ha querido ser uno de nosotros en María para que nosotros podamos permanecer en Él, oremos:

 

Fuente de esperanza, Espíritu Creador,

por el poder de tu gracia

haznos, como a María, 

tu compasión,

tu misericordia y tu paz,

tu luz de esperanza,

en un mundo que no conoce ya

la belleza, la bondad y la verdad

de tu amor y tu presencia en medio de nosotros.

Amén.

 

 

b) María del Adviento (Alberto Iniesta)

 

 

¡Pobre María, tan incomprendida!,

tan incomprendida casi como tu mismo hijo,

al que aquí abajo nunca comprenderemos del todo,

ante el que tú misma, es verdad, también te pasmabas,

pero seguías,

como Abrahán seguía la palabra de Dios que le guiaba,

aunque no supiera de antemano el camino.

María había llevado el camino en sus entrañas de carne,

y lo llevaba siempre en sus entrañas de fe.

 

María vuelta a nuestra casa,

no como una diosa, sino como hija de Dios;

no como una madre, sino como una hermana;

no como una maestra, sino como una discípula,

la mejor discípula

del mejor maestro.

 

María peregrina,

que pisaba la tierra paso a paso,

que no fue llevada en volandas por los ángeles,

que, aun teniendo el Hijo de Dios dentro,

no estuvo ensimismada,

sino extasiada,

entregada al servicio del prójimo,

en viaje a casa de su prima Isabel,

en viaje a todas nuestras casas,

a servir, 

a echar una mano en esas cosas corrientes de todos los días,

en esos pucheros donde los santos descubren a Dios.

María nos recuerda que el mundo está preñado de Dios,

que es cuestión de saber verlo,

y para saber verlo, es cuestión de saber desearlo.

¿Tendremos, 

al menos en Adviento,

hambre de Dios?

¡Dichosos los hambrientos

porque ellos serán saciados!

 

(Alberto Iniesta)

 

 

 

 

Letizia Bantolinao, pddm (Filipinas)