1. La palabra está cerca de ti
3. El vocabulario lucano de la misericordia
4. Dos cantos a la entrañable misericordia de nuestro Dios (Lc 1,46-55.68-79)
5. Un padre con entrañas maternas
7. Invitación final: "Anda y haz tú lo mismo" (Lc 10, 29-37)
Oración a Jesús, samaritano del mundo
1.
La Palabra está cerca de ti
Desde hace algunos años, me he acostumbrado a leer los libros bíblicos con una clave de búsqueda en los ojos y en el corazón, de tal manera que esta clave resulta ser un despertador y un estímulo para una lectura atenta y orante.
Hay veces en que leemos la Biblia sin leer y miramos, sin ver. Los textos se nos antojan, entonces, difíciles e indescifrables, como si estuvieran cubiertos por una densa niebla o un tupido velo. Sin embargo, algo que aprendí de una excelente profesora de Biblia, y de lo que cada vez estoy más convencida, es que entender y, sobre todo, gustar y vivir los textos bíblicos está al alcance de todos, sin necesidad de una gran erudición exegética o filológica. Basta con saber leer y hacerlo con atención, con fe, con apertura al Dios que me busca y con gran deseo de dejarme encontrar. Porque ya dice Jesús que el Padre revela sus cosas a los pequeños, mientras que permanecen ocultas para los que se creen sabios y entendidos (cf. Lc 10,21; Mt 11,25). Algo que no terminamos de creer.
Así pues, aconsejo a los lectores el sencillo ejercicio de elegir un libro bíblico por el que sientan especial predilección (por ejemplo, el evangelio de Lucas) y hacer de él varias lecturas lentas, reposadas, guiadas por una clave de búsqueda: el término “camino”, la oración de Jesús y los discípulos, el Espíritu Santo, María y las demás mujeres del evangelio, la pobreza y los pobres, el servicio, la alegría...
Descubrirán muchas cosas de las que, hasta ahora, no habían caído en la cuenta. Pero, lo más valioso de este ejercicio será, probablemente, darse cuenta de que “la Palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón” (cf. Rom 10,8; Dt 30,14), para ser creída, proclamada y vivida, y de que esa palabra es perfectamente inteligible y familiar porque habla de ti mismo y de tu propia historia.
La clave de lectura con la que os invito hoy a recorrer el evangelio de Lucas es la misericordia.
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Ejercicio antes de comenzar la lectura:
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Lo primero que hago, al releer el evangelio es extraer los pasajes en donde aparecen las expresiones misericordia, compasión (entendidos como sinónimos), misericordioso y misericordiosos:
| 1. | Lc 1,50: “Su misericordia, de generación en generación, para los que le temen”. |
| 2. | Lc 1,54: “Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia”. |
| 3. | Lc 1,58: “Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho una gran misericordia...” |
| 4. | Lc 1,72: “Haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza” |
| 5. | Lc 1,78: “Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura”. |
| 6. | Lc 6,36: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”. |
| 7. | Lc 7,13: “Al verla, el Señor tuvo compasión de ella”. |
| 8. | Lc 10,33: “Pero un samaritano que iba de camino, al verle, tuvo compasión”. |
| 9. | Lc 10,37: “El que practicó la misericordia con él. Le dijo Jesús: Vete y haz tú lo mismo”. |
| 10. | Lc 15,20: “Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido (literalmente: movido a compasión”), corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente”. |
| 11. | Lc 16,24: “Padre Abrahán, ten misericordia de mí”. |
| 12. | Lc 17,13: “Jesús Maestro, ten misericordia de nosotros”. |
| 13. | Lc 18,38: “¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!” |
| 14. | Lc 18,39: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” |

Todos estos pasajes son fácilmente reconocibles y localizables en el conjunto del tercer evangelio. Los cinco primeros corresponden al evangelio de la infancia: dos al cántico de María (el Magnificat) y otros dos al cántico de Zacarías (el Benedictus). El texto intermedio de Lc 1,58 corresponde al episodio del nacimiento de Juan Bautista. El texto dice que Dios “agrandó su misericordia” con Isabel para que, en la esterilidad de su vejez, pudiera aún alumbrar la vida.
Lc 6,36 corresponde al “sermón de la llanura” (cf. Lc 6,17).
Lc 7,13 forma parte del relato de la resurrección del hijo de la viuda de Naím, ante cuyas lágrimas, el Señor Jesús se conmovió profundamente y obró el milagro de la resurrección.
Los versículos 33 y 37 del capítulo 10 se encuentran en el episodio del buen samaritano, el único personaje que fue capaz de dejarse tocar profundamente por la desgracia del hombre maltrecho en el camino.
Lc 15,20 describe el corazón del padre de la parábola del hijo perdido: un corazón lleno de infinita misericordia y perdón.
Los cuatro últimos pasajes expresan la súplica de misericordia de distintos personajes. Resaltamos los tres últimos textos, en los que la petición va dirigida a Jesús: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Se trata de los relatos de curación de los diez leprosos y del ciego de Jericó.
3.
El vocabulario lucano de la misericordia
El vocabulario empleado por Lucas para referirse a la misericordia es variado:
En Lc 1,50.54.58.72.78 y Lc 10,37 aparece el término griego eleos, que puede traducirse por misericordia y compasión. En todos estos pasajes, la misericordia no es sólo un sentimiento que conmueve los quicios interiores de Dios y de las personas, sino un sentimiento que arrastra a actuar e implicarse en el bien y la salvación de los otros.
Los cuatro últimos textos (Lc 16,24; 17,13 y 18,38.39) utilizan el imperativo del verbo eleaô, de la misma raíz que eleos, y significa tener o ejercitar la misericordia.
En Lc 6,36, el evangelista utiliza dos términos que no aparecen en ninguno de los otros evangelios: oiktirmôn y su plural, oiktirmones. Es un adjetivo que significa compasivo o misericordioso. Allí donde Mateo invita a los cristianos a ser perfectos como nuestro Padre del cielo (cf. Mt 5,48), y el Levítico invita a ser santos (Lv 19,2), Lucas invita a ser misericordiosos, porque la perfección de la ley y la santidad es, para Lucas, la misericordia.
Por último, los textos de las parábolas del buen samaritano y del hijo pródigo (Lc 10,33; 15,20), así como el de la resurrección del hijo de la viuda de Naím, utilizan un verbo que hace alusión a las entrañas maternas de Dios: el verbo splagchnizomai (tener misericordia o compadecerse). La peculiaridad de este verbo es tiene la misma raíz de la palabra griega splagchnon (órganos internos, entrañas, “corazón” como sede de los afectos). Cuando los textos dicen que Jesús se compadeció, su significado apunta a una emoción y reacción más fuerte y profunda: a Jesús se le conmueven las entrañas ante el dolor de su pueblo (cf. Mc 6,34; 8,2; Mt 9,36; 14,14; 15,32).
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Ejercicio:
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