Nuestro estilo de vida

Un icono bíblico que las Pías Discípulas del Divino Maestro hemos contemplado desde los comienzos como representativo de nuestro estilo de vida es el de Marta y María, modelos de una vocación contemplativo-apostólica:

con la amorosa atención de María, hospedamos y escuchamos a Cristo en nuestro interior,

y con el generoso servicio de Marta, lo comunicamos al mundo a través de nuestra misión en la Iglesia.

Si tuviéramos que describir nuestro estilo de vida en unas palabras, escogeríamos estas cuatro:

- Silencio

- Escucha de la Palabra

- Vida Eucarística

- "Sororidad"

Silencio

"Vosotras haréis silencio, silencio, silencio" fue el primer encargo que dio el fundador, Santiago Alberione, a las dos jóvenes que habrían de iniciar la nueva Congregación: Metilde Gerloto y Úrsula Rivata.

Entendemos el silencio como plenitud de vida interior y como "espacio" en el que se realiza la conformación con Cristo. Sin silencio, no puede acontecer la "amorosa consciencia" de ser creaturas e hijas de Dios, llamadas a reproducir la imagen del Hijo (Rom 8,29).

Escucha de la Palabra

Como María, "rumiamos" diariamente la Palabra de Dios en la meditación y la adoración eucarística

La Lectio Divina personal y comunitaria, un método oracional recibido de la tradición monástica de la Iglesia, es el alimento de nuestra vida creyente y nos lanza a la misión.

 

Vida Eucarística

"Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio" (Mc 14,22)

De la Eucaristía celebrada y adorada, aprendemos un estilo de vida caracterizado por estos cuatro verbos, que denotan cuatro experiencias de vida creyente: elegir, bendecir, partir, dar.

 

Como hijas amadas de Dios, nos sabemos elegidas para participar en el proyecto del Reino.

Nos sabemos bendecidas por el Padre y reconocidas en nuestra bondad original.

Aceptamos, en la esperanza, las "rupturas" que nos trae la vida porque, como Pablo, seguimos a Cristo Crucificado y Resucitado (Gál 6,14; Flp 3,10; 1 Cor 1,22-24), que se entregó para la vida del mundo.

Nos damos, sirviendo a los hombres y mujeres de nuestro mundo, a través de la misión eucarística, sacerdotal y litúrgica que realizamos en la Iglesia.

"Sororidad"

Buscamos vivir la "sororidad" (el amor fraterno desde nuestra condición de mujeres) en la comunidad a la que somos llamadas, y dar testimonio de Cristo viviendo la unidad en el amor.

Alegría en la esperanza, fuerza en la tribulación, perseverancia en la oración y servicio desde el don que cada una ha recibido son los rasgos con los que deseamos construir nuestra comunidad.

 

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