Quiénes somos

 

1. Nuestro nacimiento: el sueño de una noche de paso entre dos siglos

2. Una espiritualidad centrada en Cristo Maestro

3. La oración cósmica

 

1. Nuestro nacimiento: el sueño de una noche de paso entre dos siglos

 

 

  Las Pías Discípulas del Divino Maestro somos una congregación religiosa fundada en Alba (Italia), el 10 de febrero de 1924, por el sacerdote Santiago Alberione.

El centro de nuestra vida y misión es Jesucristo Maestro, Camino, Verdad y Vida de la humanidad, tal y como se define en Jn 14,6.

Su llamada y envío a anunciarlo, a través de las formas propias de nuestro carisma, nos constituye en mujeres nuevas que, como María y las demás mujeres del evangelio, le seguimos con talante de DISCÍPULAS Y APÓSTOLES.

 

 

  Nuestro nombre, inspirado por el fundador, es nuestra señal de identidad:

  Discípulas: Nos ponemos con verdadero afecto a los pies del Maestro para escucharlo y conocerlo, de manera especial a través de la Palabra, la Eucaristía y sus signos en la historia y la vida de los hombres.

  Del Divino Maestro: Somos de Jesús, el Único Maestro, y en esa pertenencia reside nuestra identidad.

  Nuestra Congregación no ha sido concebida de forma aislada, sino que ha nacido en el seno del proyecto de fundación de una gran familia religiosa: la Familia Paulina. En ella, las Discípulas tenemos una misión vivificadora. "Escondidas con Cristo en Dios" (Col 3,3), sostenemos, por medio de la intercesión constante, a quienes trabajan más directamente con el apostolado de los medios de comunicación social.

Las Pías Discípulas (y, con ellas, la Familia Paulina) son fruto del sueño de un joven seminarista italiano, en los albores del pasado siglo. En la noche de paso de siglo (31 de diciembre de 1900), los seminaristas de Alba hicieron una oración prolongada ante el Santísimo Sacramento. De la Eucaristía vino una luz especial, y el joven Alberione "se sintió profundamente obligado a prepararse para hacer algo por el Señor y por los hombres del nuevo siglo, con quienes habría de vivir... La Eucaristía, el evangelio, el papa, el nuevo siglo, los nuevos medios, ... la necesidad de un nuevo escuadrón de apóstoles se le clavaron de tal modo en la mente y en el corazón que luego dominaron siempre sus pensamientos, oración, trabajo interior y aspiraciones. Se sintió profundamente obligado a servir a la Iglesia, a los hombres del nuevo siglo y a trabajar con otros".

Ese sueño del Espíritu en Alberione, que él mismo relata en su escrito autobiográfico Las abundantes riquezas de su gracia, fue la semilla de la que más tarde nacería la Familia Paulina, con el carisma de evangelizar a través de los medios de comunicación social.

  Nadie puede apagar las luces que Dios enciende, y esa pequeña luz, en principio tenue y confusa, se fue concretando en obras, con el tiempo. Del mismo modo, el proyecto de fundación de las Discípulas del Divino Maestro comenzó a gestarse en 1908. Así lo cuenta el mismo Santiago Alberione:

"En 1908 comencé a orar y a hacer orar para que surgiese una familia religiosa de vida retirada, dedicada a la adoración y al apostolado sacerdotal y litúrgico, totalmente de Jesús, Divino Maestro, presente en el misterio eucarístico. ¿Para qué? Para que se convirtiese en fuente de gracia para otras familias religiosas dedicadas más directamente a la vida apostólica" (Autógrafo de Navidad, 1946)

El carisma de esta "familia retirada" -las Pías Discípulas del Divino Maestro-, alcanzaría progresivamente su despliegue y desarrollo, en apertura a los signos de Dios.

2. Una espiritualidad centrada en Cristo Maestro

 

El primer pilar de nuestra espiritualidad es Cristo, al que seguimos como Maestro y Revelador del Padre, Camino, Verdad y Vida (Jn 14,6).

Ese seguimiento lo aprendemos de San Pablo, discípulo y apóstol, y de María, la primera discípula de su Hijo. De San Pablo acogemos la invitación a configurarnos con Cristo hasta poder decir: "no soy yo quien vive; es Cristo quien vive en mí" (Gál 2,20). De María, Reina de los apóstoles, aprendemos a que Cristo tome carne y cuerpo en nosotras para poder darlo al mundo.

 

 

3. La oración cósmica

 

Jesucristo es nuestro Maestro de oración. Ésta se alimenta en la mesa de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, y se modela sobre la oración litúrgica de la Iglesia, alcanzando unas dimensiones universales, cósmicas: en Cristo, siempre vivo para interceder por nosotros, presentamos al Padre la humanidad entera, "haciéndonos voz de toda criatura".

 

 

 

 

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