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«El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel» (Mateo 13,44)
Jesucristo es la alegría del Padre y debe ser también nuestra alegría. (Santiago Alberione) |