«El pueblo que caminaba en tinieblas

vio una luz grande. 

A los que vivían en tierra de sombra,

una luz les brilló.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo.

Alegría por tu presencia,

cual la alegría en la siega,

como se regocijan

repartiendo el botín» (Isaías 9, 1-2)

 

Estamos destinados

a la alegría eterna.

Sed creadores y apóstoles

de la alegría, de la bondad.

(Santiago Alberione)

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