«Grita de júbilo, estéril que no das a luz;

rompe en gritos de júbilo y alegría, 

la que no ha tenido dolores de parto,

porque son más 

los hijos de la abandonada

que los hijos de la casada, dice el Señor» (Isaías 54,1)

 

El consuelo es como un oasis inesperado

en un gran desierto: 

te hace creer en la vida.

El consuelo es como una suave mano

sobre la cabeza: te tranquiliza.

El consuelo es como ese rostro dulce y cercano que, en el cielo nublado,

te hace ver algunas estrellas.

(Phil Bosmans)

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