La corona de Adviento

en casa, en la Iglesia, en la catequesis

Adaptación y selección de materiales: Manuel González, pbro.

 

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Introducción

1. La corona en casa

2. La corona en la Iglesia

3. La corona en la catequesis o en la escuela

 

Introducción

El rito de la Corona de Adviento se ha ido introduciendo acertadamente en los distintos ámbitos de la vida cristiana, contribuyendo a resaltar la peculiaridad de este tiempo. Adviento, del latín adventus, significa venida, que en griego se traduce como parusía. Así, al comienzo del Año litúrgico, por una parte, se recuerda la última y definitiva venida del Señor Jesús y, por otra, se prepara la evocación de la primera en la Navidad de Belén.

En muchas casas vemos cómo, un mes antes de Navidad, ponen como centro de mesa una corona con velas. Se trata, como se sabe, de una corona de ramas verdes, en la que se fijan cuatro velas vistosas, generalmente violáceas. La corona circular nos hace presente la figura perfecta que no tiene principio ni fin, evocando la unidad y eternidad de Señor Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre (cfr. Heb 13,8). El follaje verde perenne, con ramas de pino, abeto, hiedra..., representa a Cristo eternamente vivo y presente entre nosotros. Las cuatro velas representan los cuatros domingos que jalonan este tiempo de vigilante espera.

Como expresión de alegre expectación, cada semana, se realiza el rito de encender las velas correspondientes: el primer domingo de Adviento una, el segundo dos, el tercero tres, el cuarto y último las cuatro. El progresivo encendido de estos cirios nos hace tomar conciencia del paso del tiempo en el que esperamos la última y definitiva venida del Señor. Este itinerario, acompañado de alguna oración o canto, nos marcará los pasos que nos acercan hasta la fiesta de la Navidad, y nos ayudará a tener más presente el tiempo en que nos encontramos.

Esta  costumbre, originaria de los países germánicos y extendida en América del Norte, se ha convertido en un símbolo del Adviento en los hogares cristianos. Este sencillo lucernario es, a la vez, memoria y profecía.

Memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia (cfr. Mal 3, 20; Lc 1, 78). Profecía de Cristo, luz del mundo que volverá para iluminar definitivamente al mundo y a quien esperamos con las lámparas encendidas (cfr. Mt 25, 1-13;  Mc 13, 37; Lc12, 35ss).

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 1. La corona en casa

En los hogares, la corona se pone sobre una mesita, o colgada del techo, o en algún otro lugar destacado. También se puede poner a los pies de una imagen de la Virgen, la Inmaculada Hija de Sión.

El primer domingo de Adviento es el domingo que cae entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre (o sea, cuatro domingos antes de la Navidad). Este año 2002 el día 1 de diciembre, o la víspera, se procede a la bendición. Así se formula en el Ritual de Bendiciones 1238ss:

 

V/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

R/. Que hizo el cielo y la tierra.

V/. Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con la que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza.

El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad.

Uno de los presentes lee el texto de la Sagrada Escritura.

De la Profecía de Isaías (60,1):

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!

Luego el ministro laico, con las manos juntas, dice la oración:

Oremos.

La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se avecina como luz esplendorosa, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado.

Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque y la ha adornado con luces.

Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de Aquel que, por ser la Luz del mundo, iluminará todas las oscuridades.

Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

Y se enciende el primer cirio.

 Así ese día, antes de comer (o el sábado anterior por la noche, o en cualquier otro momento que resulte adecuado), se enciende una vela de la corona; el segundo domingo dos; el tercero tres; y el cuarto, las cuatro.

Este rito se acompaña de una oración de las propuestas para el encendido en la iglesia; también se puede cantar un canto o rezar el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria. En algunas familias existe ya la costumbre de leer alguna de las lecturas bíblicas de la misa dominical.

        Si hay niños en casa, el rito de la corona les puede ayudar a vivir más cristianamente la preparación de la Navidad. Y si no los hay, también será una buena ocasión para la oración familiar adulta: o bien los esposos solos, o bien los esposos con los hijos mayores u otros miembros de la familia anhelando que el Señor vuelva glorioso desde el cielo en el domingo sin ocaso.

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2. La corona en la Iglesia

En la iglesia, la corona se puede poner sobre una mesita, o sobre un tronco de árbol, o colgada del techo con una cinta elegante; no se pone encima del altar, sino junto al ambón o en otro lugar adecuado (p. e. junto a una imagen de la Virgen Madre, o al Icono de la Virgen del Signo).

El rito de encendido de la corona se hace en todas las misas dominicales (incluyendo la vespertina del sábado). En las comunidades religiosas, en cambio, será mejor hacerlo en la celebración que inaugure cada semana: las primeras Vísperas.

La Corona que se ha instalado en la iglesia parroquial se puede bendecir al comienzo de la Misa. La bendición se hará después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial (cfr. Bendicional 1241ss):

 

V/. El Señor, que viene a salvarnos, está con vosotros...

Hermanos: Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado verdadera vida.

El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, [después de haber entronizado el Evangeliario de este ciclo en que escucharemos la Palabra del Señor según san Marcos], bendecimos esta corona y encendemos su primer cirio.

Luego el ministro, sacerdote o diácono, con las manos extendidas dice la oración de bendición como aparece más arriba y  se enciende el primer cirio mientras se canta.

En la Eucaristía, se pueden encender las velas sencillamente durante el canto de entrada, o bien con mayor relieve después del saludo y de una breve monición. En este segundo caso, el mismo celebrante, o bien distintas personas de la asamblea (una semana un anciano, otra un niño, otra una religiosa, otra un matrimonio...) encienden la vela o velas correspondientes. Y entre tanto se canta alguna de las siguientes antífonas:

Cantad con gozo, con ilusión: ya se acerca el Señor.

O bien:

Vigilantes encendemos la corona del Adviento.

En los cirios ofrecemos cuatro etapas de un encuentro.

O bien:

Pueblo santo, espera a tu Señor con la lámpara encendida.

En su defecto, también se pueden cantar las invocaciones del acto penitencial.

Un ministro canta las siguientes invocaciones:

- Luz del mundo, que vienes a iluminar a los que viven en las tinieblas del pecado: Kyrie eleison.

- Buen Pastor, que vienes a guiar a tu rebaño por las sendas de la verdad y la justicia: Kyrie eleison.

- Hijo de Dios, que volverás un día a dar cumplimiento a las promesas del Padre: Kyrie eleison.

 continúa 

 

 

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