Día segundo – Jesucristo Camino

 

Hoy vivimos nuestro encuentro con Cristo, que es nuestro Pastor, Rey-siervo por amor. Él es la Verdad para ser el Camino. Nuestra oración es una actitud de apertura, de acogida del don del Espíritu, que nos hace libres para el encuentro con el Padre, pasando por el Camino de Jesús. Es irnos introduciendo día a día en el camino del Hijo para aprender, como él, a ser Hijos (discipulado).

 

Himno: Cristo es el camino

 

Cristo es el camino, la verdad y la vida.

Caminando por los pueblos

va el Señor,

transformando los senderos

con su amor;

su palabra es salvación,

su mensaje es la liberación.

Sólo él es la vida,

es mi vida;

es horizonte de paz junto a mí;

es mi camino,

tendré con él la verdad y la vida.

 

Él me llama a su lado

en el altar,

me alimenta con la fuerza

de su pan;

él me ofrece su amistad,

su mensaje es la paz y hermandad.

 

Texto bíblico: Efesios 1,3-10

 

Texto del P. Alberione: (CISP 1380)

 

Jesucristo es el Camino. Con sus obras, con su moral, con su vida. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles, Jesucristo «comenzó a actuar y a enseñar»; primero actuar, luego enseñar. Su vida y su doctrina formaban un conjunto armónico y unitario, del que emanaba incesante hacia el cielo la más hermosa glorificación de Dios. La Palabra de Dios, Cristo, asumiendo nuestra naturaleza humana, quiso darnos en su persona un modelo perfectísimo de todas las virtudes: adorable designio de la divina Providencia para con el hombre. Él es el modelo supremo de toda perfección y santidad. Él es el ideal mismo de Dios: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9). Y el Padre dijo del Hijo: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo» (Mt 17,5).

 

Oración

 

Jesús, Divino Maestro,

te adoramos como al amado del Padre,

único camino para llegar a él.

Te damos gracias porque te has hecho nuestro modelo;

nos has dado ejemplo de santidad

e invitado a todos a seguir tu mismo camino.

Te contemplamos

en los diversos momentos de tu vida terrena;

dócilmente nos ponemos a tu escuela,

abrazamos todas tus enseñanzas

y rechazamos toda actitud que no sea conforme a la tuya.

Atráenos a ti, para que busquemos

únicamente tu voluntad, siguiendo tus huellas

y renunciando a nosotros mismos.

Acrecienta en nosotros la esperanza activa

y el deseo de asemejarnos a ti, para que al final de la vida

podamos poseerte por toda la eternidad.

 

Para rezar juntos

 

Salmo 22. En este salmo expresamos nuestra confianza en el Espíritu que nos «guía por el sendero justo» a la comunión con el Padre.

 

O bien, el Magníficat con una de estas antífonas:

1. Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. Aleluya.

2. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. El que permanece en mí no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Aleluya.

 

Preces espontáneas

 

De la escucha de Cristo Camino, por la que  él se hace presente para nosotros hoy (en la Iglesia, en la praxis liberadora), nace nuestra oración comunitaria.

 

O bien las siguientes:

Unidos en fraternal comunión, alabemos a Cristo, a quien el Padre ha enviado como Maestro, e invoquémosle diciendo:

        Jesús Maestro, camino, verdad y vida, sálvanos.

Cristo, que eres la luz que brilla en las tinieblas, Señor de la vida y único camino de salvación,

— haz que tu Iglesia, mientras camina hacia ti, sea fiel al espíritu del Evangelio.

Cristo Salvador, que por nosotros te hiciste obediente a Dios hasta la muerte, y una muerte de cruz,

— haz que todos los hombres participen con abundancia de la plenitud de vida que nos has comunicado.

Cristo Jesús, que has dado ejemplo de del amor hasta el extremo, para que lo que has hecho tú lo hagamos también nosotros,

 

— haz que, en la entrega y el servicio a los hermanos, seamos para toda la humanidad testimonio de la nueva vida que en ti vivimos.

Cristo Maestro, tú que has inspirado a nuestro Fundador esta norma: «Sólo se tiene un religioso completo, feliz, verdaderamente espiritual, cuando llega a poder decir: "es Cristo quien vive en mí"»,

— realiza en nosotros, por medio del Espíritu, la identificación contigo para bien de los hermanos.

Cristo, Hijo del Padre, que has hecho de nosotros un pueblo de reyes, sacerdotes y profetas,

— enséñanos a ofrecerte diariamente con alegría nuestro sacrificio de alabanza.

 

Padre nuestro.

 

Oración

 

Oh Dios, Padre de la luz, que en la plenitud de los tiempos has hablado a los hombres en la persona de tu Hijo amado, concédenos, a quienes lo confesamos Maestro y Señor, seguirlo fielmente como discípulos, para que lo anunciemos al mundo como camino, verdad y vida. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

Bendición

 

Que el Dios de la paz nos consagre totalmente y nos mantenga firmes en el camino, vigilantes hasta la venida de Jesucristo, nuestro Pastor.

 

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

 

 

Día primero - Día tercero    

 

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