Sr. M. Enza Ancona, pddm
En 1938, el padre Alberione la vuelve a llamar a Italia y a Alba; pasada la tormenta, reanuda, humilde y serena, sin rencor ni añoranzas, su puesto de Madre de las Pías Discípulas. Continúa sirviendo al Señor en los hermanos y hermanas, en un silencio que es dinamismo vital, haciendo de su existencia un continuo acto de amor, para la gloria de Dios y la salvación del mundo.

En 1946 llega la gran prueba: por orden de la Sagrada Congregación de los Religiosos, se le quita el mandato de responsable de las Pías Discípulas y se la aleja, por considerarla rebelde y arbitraria en la defensa de la "causa" de las Pías Discípulas (el p. Alberione y la Maestra Tecla estaban visitando las comunidades de América). Madre Escolástica no es comprendida, se la rechaza, es casi anulada. La humildad y la fe no se improvisan, están arraigadas en ella. "Todo ha sido dispuesto por el Señor", escribe al sacerdote Timoteo Giaccardo. Tiene momentos de rebeldía y de desánimo, pero se fía del Señor, con la seguridad de que en Él no quedará defraudada. La Madre vive en la pequeñez, en la soledad, en el abandono... y en el anuncio pascual, que llegará y en el que cree. Vive su primer período de "destierro" en la Villa San José, casa de la Sociedad de San Pablo, en Vía Portuense, 746.
El 21 de julio, de Alba va a París, para una nueva etapa de "destierro". Madre Escolástica lee la historia como "historia de salvación", acepta la vida de escondimiento y se entrega con plena disponibilidad, dejando que sea Dios su defensor, su fuerza su todo. El "Señor, ¡sólo Tú y basta!" de su corazón juvenil permanece ahora en el camino hacia la "plana madurez en Cristo". Durante este período de tiempo, la Madre Escolástica escribe varias cartas al padre Giaccardo, al padre Alberione, a Sor M. Lucía Ricci, y a otras hermanas "mayores", porque en cuanto Madre, está preocupada por la "suerte" de sus hijas. La prueba se endurece y, mientras se espera la vida, el 24 de agosto de 1946, se decreta la supresión de las Pías Discípulas. El grano de trigo está enterrado bajo tierra.
El grano de trigo está enterrado bajo tierra. Y aquí comienza la dinámica de la vida, por lo que a principios del año 1947 se procede a una nueva petición de aprobación, y el 3 de abril de 1947 llega el anuncio pascual: en Alba, erección canónica de las Pías Discípulas del Divino Maestro como Instituto diocesano. Por voluntad expresa del Fundador, la Madre Escolástica es reconocida como primera ex superiora general de la Congregación de las Pías Discípulas del Divino Maestro.
En 1948, el 12 de enero, la Congregación recibe la aprobación pontificia; el "grano de trigo" ha dado su fruto en espiga gloriosa. El 24 de enero, la Madre recibe el mandato de maestra de las novicias en Argentina; en 1957 vuelve a Roma para participar en el primer Capítulo General de las Pías Discípulas, al final del cual regresa a Argentina. En 1963 vuelve a Italia y del 12 de mayo al 1 de junio participa en el curso extraordinario de ejercicios espirituales.

En 1969 participa en el 2º Capítulo General; en 1973, de Alba es trasladada a Roma, a la comunidad de vía Portuense. En 1981 participa, sólo en parte, por motivos de salud, en el tercer Capítulo General.
En septiembre del mismo año va a la comunidad de Sanfré (CN), porque su salud está en fuerte declive. El 7 de marzo de 1984 comienza a tener dificultad de palabra y, poco a poco, la pierde del todo, entrando así en el SILENCIO, SILENCIO, SILENCIO. El 24 de marzo de 1987, en Sanfré, mientras la comunidad canta las primeras Vísperas de la solemnidad de la Anunciación del Señor, siguiendo las huellas de María, la mujer del AMÉN, Madre Escolástica pronuncia su definitivo "HEME AQUÍ" y descansa en el Señor, hallando en Él plenitud y bienaventuranza.
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