Sr. M. Enza Ancona, pddm
Descubrir a Madre Escolástica es el camino para beber en el carisma original de las Pías Discípulas, apto para engendrar y conservar la vida, y que nuestra Madre encarnó "abandonándose en la fidelidad de Dios".
Escolástica es aquella mujer que se alimentó con la Palabra del Maestro Divino, que supo escoger "la parte mejor". Toda su larga y sencilla existencia ha sido un "perderse" por amor, en la adhesión incondicional al proyecto de Dios en su vida. En ella puso Dios su complacencia, haciéndole el don de una relación íntima, profunda, vital con Él, que es el Señor de la vida y de la historia.
Alimentada en la oración, sostenida por la fuerza renovadora de la Eucaristía, Madre Escolástica "canta" la primacía de Dios en su vida: "SEÑOR, ¡SÓLO TÚ Y BASTA!".

En la escuela del Maestro aprendió el silencio, típico de la vocación de Pía Discípula; un silencio que no es repliegue estéril o pura ausencia de palabras o vacío de ruidos, sino plenitud de vida interior, comunión con el Divino Maestro. Ella nos enseña a vivir el don de la vocación, en su triple expresión Eucarística - Sacerdotal - Litúrgica, en una actitud de entrega, de gratuidad y del amor característico de una madre, es decir, de quien sabe engendrar a otros para la vida.
El Señor condujo a esta Primera Madre nuestra por un camino de libertad interior, a través de la desapropiación de sí misma; ella experimentó el sufrimiento, el miedo, la tiniebla, el fracaso, el desierto, la humillación, pero todo esto la llevó a realizar un itinerario espiritual de transfiguración en Cristo. Con su vida humilde y serena, Madre escolástica nos enseña a contar sólo con Dios, dejando caer nuestras seguridades, nuestros esquemas, nuestras defensas, nuestros pensamientos embebidos de protagonismo, para que puedan hallar sitio en nosotras los esquemas y los pensamientos de Dios.
Mujer humilde, silenciosa, orante, Madre Escolástica nos transmite un mensaje importante para nosotras hoy, que todavía estamos en camino, en la búsqueda del rostro del Señor. De ella aprendemos a recuperar el valor del silencio, del servicio hecho por amor, de la importancia de la oración, del discernimiento, de la Palabra del Señor, que nos forma y se convierte para nosotras en norma de conducta, del morir para dar la vida y la vida en abundancia.

En ella vemos a una mujer que se dejó aferrar, salvar, amar por Cristo, hallando en Él el sentido pleno de su existencia. La imagen del "grano de trigo que muere" no es simplemente una bella metáfora, sino que es la realidad de su vida.
Su testimonio se convierte para nosotras en desafío y casi provocación en medio de una humanidad que parece haber perdido todo significado y sentido. El decidirse por Cristo, éste es el mensaje que nosotros, consagrados, podemos ofrecer a los jóvenes de hoy, siendo testigos de la primacía de Dios en nuestra vida, y de que la fe es el camino de nuestra libertad, que se abre a la iniciativa de Dios.
Madre escolástica es, para las nuevas generaciones de las Pías Discípulas, y no sólo para ellas, una testigo de la fidelidad de Dios, en el hoy de la historia.
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