«El apostolado de la oración: es apostolado de oración consagrarse para orar por la mayor gloria de Dios y la salvación del mundo (...). ¿Qué hacía María en la casa de Nazaret, en el templo, en el Cenáculo? El apostolado de la oración. ¿Qué hacía Jesús en Belén durante sus primeros años y en su vida escondida? El apostolado de la oración. Desde aquella casita de Nazaret, ¡qué oraciones, qué súplicas se elevaban hacia el Padre del cielo! El Divino Maestro, en su vida pública, estaba tan ocupado que no tenía tiempo ni para comer, pero encontraba siempre tiempo para orar, y a los días llenos de trabajo, hacía seguir noches de oración (...). Todos tenemos el deber de este apostolado. Nadie está excluido. Todos pueden orar por la conversión del mundo. Nuestro testimonio puede estar muerto si no existe la gracia que lo vivifica» (Beato Santiago Alberione, APD 1947)