Santiago
Alberione – Escolástica
Rivata – Timoteo Giaccardo
Tecla Merlo – Andrés Borello – Mayorino Vigolungo – Francisco Chiesa
Nació
en Castagnito de Alba (Cúneo), el 20 de febrero de 1894. Sus primeros veinte años
transcurrieron en el ambiente familiar, escolar y parroquial, dedicándose al
apostolado catequístico y a la formación de las jóvenes.
A
los veintiún años se encontró con Santiago Alberione, quien la invitó a
colaborar con él en la organización del Instituto de las Hijas de San Pablo.
Abierta
a los “signos de los tiempos”, fiel a las orientaciones del fundador, y
movida siempre por el único fin de promover la gloria de Dios y el bien de los
hombres, impulsó las iniciativas apostólicas, multiplicando y apoyando los
Centros de difusión del Evangelio, con los medios de comunicación social.
Murió
el 5 de febrero de 1964, dejando a sus Hijas un rico patrimonio espiritual y la
huella de un camino seguro en la Iglesia de Dios.
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De sus escritos:
«También
aquí en la tierra tenemos el paraíso. Hay que saber encontrarlo, y sobre todo
vivir en él: es Jesucristo»
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«Que
cuando viene a nosotros, Jesús nos encuentre con el corazón lleno de caridad y
de amor, capaces de amar a los demás como él nos ha amado a nosotros»
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«Toda
nuestra vida debe gastarse por Dios». «Todo es nada, excepto la santidad». «Todo
pasa, excepto el paraíso».
Oración
por intercesión de la venerable Tecla Merlo
Nació
en Mango (Cúneo) el 8 de marzo de 1916. A los veinte años, el 8 de julio de
1936, respondiendo a la llamada del Señor, ingresó en la Sociedad de San Pablo
como aspirante a Discípulo del Divino Maestro.
Era
tan grande su amor a la vocación y a la Congregación que, con el
consentimiento de su director espiritual, en marzo de 1948, ofreció a Dios su
vida para que todos los llamados fueran fieles al don de la vocación. Esta
intención lo acompañó en oblación constante y sufrida hasta su muerte. Jesús
acogió el ofrecimiento de su discípulo bueno y fiel. Afectado por una grave
tisis, moría santamente, el 4 de septiembre de 1948, despidiéndose de los
hermanos con estas palabras: “¡Querámonos siempre mucho; adiós, hasta el
cielo!”
Oración
por intercesión del venerable Andrés Borello
Mayorino
Vigolungo: “progresar un poco cada día”
Nació
en Benevello (Cúneo) el 6 de mayo de 1904, en el seno de una familia humilde
pero de viva fe. Inteligente y de temperamento vivaz, quería ser el primero en
todo: en el estudio, en el juego, en el trabajo y en la bondad. Cuando se
encontró con Santiago Alberione se sintió contagiado por el ideal del
apostolado de la buena prensa. Ingresó en la Sociedad de San Pablo el 15 de
octubre de 1916.
Huyendo
de la mediocridad, se propuso este programa de vida: “Progresar un poquito
cada día”, y fue fiel a este propósito hasta su muerte. A los catorce años,
afectado de una grave enfermedad, respondía al fundador, que le preguntaba si
quería curarse o ir al cielo: “Quiero hacer la voluntad de Dios”.
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Del fundador sobre M. Vigolungo:
«El
Señor ha conducido a la Familia Paulina a muchas almas hermosas, generosas,
fidelísimas. Entre ellas recordamos la primera flor que fue trasplantada al
cielo muy deprisa: Vigolungo Maggiorino. El día 12 de diciembre de 1961 ha sido
introducida la causa de beatificación en la Curia Episcopal de Alba. El puede
ser considerado, por cuanto se puede conocer humanamente, el sabio Domingo de la
Familia Paulina. Sobre todo: una luz interior en el conocer y amar al Señor, un
darse generosamente en todos sus deberes, una gran delicadeza de conciencia, una
visión clara del apostolado de la buena prensa» (UPS III, 277)
Oración
por intercesión del venerable Mayorino Vigolungo
Nació
en Montá de Alba (Italia) el 2 de abril de 1874. Realizó sus estudios en el
seminario de Alba, y se doctoró en filosofía en Roma, en teología en Génova,
y en derecho eclesiástico y civil en Turín, de cuya facultad de derecho llegó
a ser director. Destacó en la enseñanza, a la que se dedicó durante más de
cincuenta años, tanto en el seminario como en la Sociedad de San Pablo.
Fue
párroco de San Damián durante treinta y tres años, y canónigo de la catedral
de Alba. Su parroquia llegó a ser la más destacada de la diócesis, tanto por
el nivel de vida espiritual como por la organización catequética y pastoral.
Fue
el padrino de la Familia Paulina, director espiritual del venerable Santiago
Alberione y de la mayoría de los sacerdotes de la diócesis.
Con
ocasión de su muerte en Alba, el 14 de junio de 1946, el obispo mons. Luis
Grassi lo calificó como “el mejor de los hijos de la diócesis”. Su
secreto: a lo largo de sus cincuenta años de sacerdocio, fue siempre fiel a las
dos horas de adoración eucarística. Su amor a la palabra de Dios era tan
grande que se sabía de memoria toda la Biblia.
Oración
por intercesión del venerable Francisco Chiesa
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